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El primer Internet: NFSNet

Hace unos meses mi sobrina Victoria, 17 años, se encontró en casa de mamá una máquina de escribir portátil que compré siendo cadete de la Academia Militar de Venezuela, 1972. Su juvenil curiosidad la hizo ponerse en acción, cargó papel y a escribir. Todo bien hasta que cometió un error y no encontró la tecla DEL. Tuvimos que hablarle del Tippex. A su corta edad, Victoria no conoce un mundo sin computadoras, teléfonos inteligentes, tabletas, laptops y afines. Su vida sin Internet no tendría sentido. Sin Whatsapp mucho menos. Yo, con mis 60 años, pienso igual.

En 1972, los correos electrónicos existían, pero mi mundo no incluía las computadoras y no era por desconocimiento. En esos años aprendí BASIC y FORTRAN. Las computadoras ya eran una realidad desde principios de los años 40. Simplemente estaban al alcance de pocos y ocupaban enormes espacios físicos. Su empleo estaba reducido al manejo de procesos muy bien definidos y aislados. Interconectarse masivamente era un tema de ir de reuniones, telégrafo, teléfono, radio o televisión. Compartir entre varios usuarios las bondades de un computador era impensable. Sin embargo, ya algunos visionarios tenían tiempo trabajando en esa dirección. Como en otros casos, las necesidades de seguridad y defensa impulsarían desarrollos valiosos para la humanidad. La tecnología y la guerra siempre han ido de la mano.

El 4 de octubre de 1957 el mundo fue sorprendido por los soviéticos al enviar al espacio el primer satélite artificial, el Sputnik I. El vehículo usado fue un misil balístico intercontinental (ICBM) probado en mayo de ese año. Este acontecimiento marcaría el inicio de la Era Espacial e impactaría tremendamente la tensa calma de la Guerra Fría. Para el momento, los EE.UU. y la URSS estaban enganchados en una carrera armamentística. Los primeros perfeccionaban su capacidad nuclear y los segundos la buscaban. El Sputnik I daría la señal de partida a otras dos carreras, la espacial y consecuentemente la carrera tecnológica. Ninguno quería llegar de segundo.

La recién adquirida capacidad misilística soviética y la colocación de misiles en Cuba incremento la posibilidad de un ataque a los EE.UU. y disparó numerosas de alarmas, una de ellas en el área de las comunicaciones. El sistema existente tenía una arquitectura centralizada; requería descentralización para evitar que la destrucción de un nodo interrumpiera las comunicaciones por completo.

arpaEl Congreso aprobó miles de millones de dólares para apoyar los sistemas de educación, investigación y desarrollo. Para el momento, el intercambio de conocimiento era ineficiente y muchas investigaciones se conducían en paralelo. Para minimizar esto el Departamento de Defensa de los EE.UU. creó, bajo su tutela, ARPAnet, la primera red científica y académica del mundo. El embrión de lo que hoy conocemos como Internet. Tres aspectos fundamentales completarían la visión: la necesidad de una red para manejar asuntos militares de seguridad y defensa, una red para manejar lo comercial y otra dedicada a lo científico tecnológico. Estas redes ya existían, el trabajo era relacionarlas.

La Fundación Nacional de Ciencias (NSF) fue creada en 1950 por el Congreso norteamericano para promover el progreso en las ciencias, mejorar la salud, prosperidad y bienestar y asegurar la defensa nacional de los estadounidenses. Para 1985, la NSF había aportado fondos para el establecimiento de supercomputadoras en diferentes universidades y laboratorios privados a lo largo y ancho de los EE.UU., pero aunque alguna interconexión existía a niveles locales y regionales, los grandes centros aún no se comunicaban entre sí. La Universidad de Michigan, una de las principales universidades del país, quería tener su supercomputador y preparó una propuesta que no fue aceptada por la NSF. Sin embargo, su destino era otro: utilizar su experiencia en interconectar computadores regionales para crear el backbone de lo que sería la primera red de alta velocidad. Con la aprobación presupuestaria de la NSF, aportes de software y hardware de IBM, las capacidades de MCI, fondos del estado de Michigan y liderados por la experimentada Merit Network se crea un consorcio que permitió el nacimiento de NSFnet. Juntos interconectaron a los grandes centros de investigación y comunidades educativas y sentaron las bases para el desarrollo de lo que hoy conocemos como el internet comercial.

nsfnetEl flujo de información fue tal que pasado un año fue necesario un upgrade de NSFnet. ARPAnet se separó de NSFnet in 1990 y a partir de ese momento todo quedo en manos del sector comercial. En 1995 NSFnet dejaría de existir y, una vez más, lo que comenzó motivado por razones de seguridad y defensa quedó para uso comercial y en pro de la humanidad.

Cuando el Editor de esta revista me pidió que escribiera sobre el tema me manifestó que era de mi época. Bueno, resulta que todo lo que les narre anteriormente sucedía en mis narices, sin saberlo, mientras estudiaba Ingeniería Nuclear en la Universidad de Michigan. Curiosamente, mi primer encuentro del III Tipo con una microcomputadora tendría lugar en esa época: una Zinclair ZX8. En mi caso no encontraba la palanca que tenia la máquina de escribir para pasar a la línea siguiente, ya no hacía falta. Infinidad de cosas han sucedido desde ese entonces, pero muchos de los protocolos diseñados para NSFnet aún son usados. Ya desde mi mano puedo acceder a cualquier contenido disponible en la red en cualquier parte del mundo. ¿Qué le esperará a mi nieto Henry Alexander?


Tarjeta Contreras

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Entre piedras

entre piedras 01Daniel Yergin, reconocido autor y autoridad en asuntos mundiales y el negocio petrolero, nos narra en su libro The Prize (Touchstone Book, 1991) cómo nació el negocio petrolero. Nos ubica en los Estados Unidos de Norteamérica durante los años 50 del siglo XIX, nos presenta un problema, un grupo de hombres emprendedores con una visión y la idea de hacer de ella un negocio rentable. Como lo definiría John D. Rockefeller años después, poco sabían los actores de esta historia que su innovación daría pie al “mejor negocio del mundo”.

El problema: atender la alta demanda de combustible para iluminar calles y viviendas. Por muchos años el tema de la iluminación lo solucionaron mechas y barras solidas de grasa animal o vegetal. Si, velas.   Entre las más costosas estaba la grasa de ballena que se usaba en estado líquido para las lámparas de iluminación y en su estado sólido para velas. Sin embargo, la pesca de ballenas era un negocio riesgoso y por lo tanto el costo de esta grasa, $2,50 por galón, no era atractivo para la mayoría de los consumidores. Solo aquellos que tenían dinero podían adquirir el producto. Existían otros combustibles más económicos, con buena iluminación, pero altamente volátiles que los hacía inseguros. Pronto un almirante británico, Thomas Cochrane, desarrollaría un proceso para extraer, del asfalto, un aceite con alta capacidad de iluminación: el kerosene.

Para el año 1854, el kerosene ya estaba en el mercado norteamericano. Dos problemas lo afectaban. La inexistencia de una fuente segura y confiable de suministro del producto y lo costoso de las lámparas disponibles en el mercado para quemar kerosene. Las económicas humeaban mucho y despedían un olor terrible. Pronto alguien solucionaría el tema de las lámparas importándolas desde Viena, Austria. Quedaba pendiente el suministro seguro y confiable. Como en muchas otras oportunidades, la empresa, la banca y la academia se unieron para atender un problema, desarrollar una visión y sacarle provecho económico. Un grupo de empresarios y promotores liderados por George Bissell, un abogado neoyorkino, James Townsend, presidente de un banco en New Haven, y Benjamín Silliman, Jr., un profesor de química en la Universidad de Yale, serian de alguna forma los fundadores de la industria petrolera.

La visión: Extraer una materia prima en cantidades suficientes para procesarlo y producir un fluido económico y de alta calidad que pudiera ser utilizado como combustible iluminante. Los empresarios conocían de una sustancia llamada “aceite de piedra” para diferenciarla de aceites animales y vegetales. La misma se encontraba en la parte norte de Pensilvania específicamente en el área de Oil Creek, donde emanaba de la tierra en forma natural. Townsend, como buen banquero, participaría junto con otros inversionistas con dinero propio para arrancar el proyecto, pero requería de argumentos sólidos y muy bien fundamentados para aventurarse a levantar capital adicional para su ejecución. Para ello decidieron contratar los servicios de Benjamín Silliman, Jr., un renombrado profesor de química de la Universidad de Yale, la capital científica de mediados del Siglo XIX en los Estados Unidos. La tarea de Silliman seria determinar si el “aceite de piedra” podía utilizarse como combustible para iluminación y como lubricante. El profesor cobraría 526,08 dólares por su investigación y pidió que le depositaran 100 por adelantado. El depósito nunca sucedió pues según narra Yergin, el costo de la investigación les pareció exagerada a los empresarios. El incumplimiento de los empresarios no le agradó a Silliman. Tal y como hoy día, el sueldo de un profesor no era muy atractivo. Él había aceptado realizar la investigación por el dinero extra, más que por mera “curiosidad intelectual”. Aun así, los reportes positivos de la investigación no se hicieron esperar a lo largo de la misma. Sin embargo, como el tema de los 526,08 dólares no se había sido resuelto, el profesor decidió retardar la entrega del informe final hasta recibir su pago.

entre piedras 02Presionados por la necesidad del informe para obtener nuevos inversionistas, uno de los socios de Bissell pagó la deuda y el 16 de abril de 1855 el esperado resultado de la investigación fue entregado. Silliman concluiría diciendo: el aceite de piedra es una “materia prima de la cual, a través procesos simple y de bajo costo, se podrán obtener productos de alto valor.” Con argumentos en mano, la recién creada Pennsylvania Rock Oil Company prontamente fue capaz de levantar todo el capital necesario para arrancar su emprendimiento. Sin embargo, quedaba un problema por solucionar: cómo extraer el aceite de piedra eficientemente. Fue a Townsend a quien se le ocurrió la “loca idea” de perforar la tierra para lograr su objetivo. Así, 18 meses después de tener el reporte de Silliman fue que comenzó la búsqueda de quien se encargaría del “lunático proyecto”. Edwin L. Drake sería esa persona. Estaba desempleado, vivía en el mismo hotel que Townsend y este aprecio en él las características de la persona deseada. Un hombre con excelente disposición, jovial, decidido y tenaz. Hecho el ofrecimiento, Drake acepto el reto. Para facilitarle su llegada a Pensilvania, Townsend envió con anticipación varias cartas dirigidas al “Coronel Edwin L. Drake”. A su arribo, Drake tenía un grado militar aun cuando nunca había prestado servicio militar y fue recibido y tratado como tal, en diciembre 1857, en Titusville, un pueblo madrero de 125 habitantes escondido en el norte de Pensilvania.

entre piedras 03Drake llegaba con una misión clara: realizar tareas de prospección y luego encontrar petróleo en cantidades comerciales. En el área donde se estableció se podían recolectar unos seis galones de aceite de piedra al día utilizando el método tradicional de excavación lo cual no era nada alentador para Drake. Al igual que Townsend, él estaba convencido que la mejor manera de tener éxito era perforando con las mismas técnicas usadas para extraer sal de pozos profundos. Luego de muchos intentos, en la primavera de 1859, Drake conoció a William A. Smith quien demostró saber que hacía falta pues tenía experiencia en la construcción de herramientas para la extracción de sal por ese método. Con sus hijos, “Uncle Billy”, como era conocido Smith, materializaría la idea de Drake y el 27 de agosto de 1859 brotaría petróleo en Titusville y de alguna manera marcaria el inicio de la industria petrolera. El lunes cuando Drake llego al sitio encontró a Uncle Billy y sus hijos custodiando diferentes embases llenos de petróleo, entre ellos barriles de whiskey. La noticia se corrió rápidamente: El Yankee había encontrado petróleo. Nos narra Yergin que curiosamente ese lunes llegaría una carta de Townsend donde le enviaba dinero a Drake para pagar cualquier deuda y cerrar las operaciones en Titusville. Ya los fondos previstos para el proyecto se habían agotado. Afortunadamente la carta se tomo más de una semana en llegar. Se imaginan si Internet hubiera existido en ese entonces. Un email habría retardado el inicio de uno de los negocios más lucrativos del mundo.

Ya en pleno Siglo XXI, aun buscamos petróleo entre las piedras. Sin embargo, ahora la excavación es horizontal y se busca fracturar hidráulicamente las piedras para liberar el petróleo atrapado en ellas.

Contreras Oswaldo

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